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Mago de Zo
Mago de Zo.png
Nombre
Mago de Zo
Clasificación
Mago
Sexo
Masculino
Raza
Humano
Familia
Ontoral Zo - Hermano
Pluma Zo - Sobrina
Estado
Vivo
Residencia
Profesión
Alquimista
Mago

Mago de ZoEditar

El Mago de Zo es el autor del libro más extenso del Mundo de los Doce, el Almanax. Su intención inicial era reunir en un libro todas las historias que se encontrara en sus viajes, ya sean contadas por sabios Anutrofs en las tabernas o vividas directamente de primera mano. Pero tras unos hechos en los que contactó directamente con la Diosa Mahiya, el Almanax pasó a ser algo más que un libro de cuentos. Consiguió descubrir el misterio de los santos y el efecto santo.

Su hermano Ontoral y su sobrina Pluma son los encargados de llevar el Bibliotemplo del Almanax, una gran biblioteca donde se encuentra reunido todo el trabajo del Mago de Zo que los aventureros visitan a menudo para aprender historia o para mostrar su devoción al santo del día.

El Mago de Zo y el AlmanaxEditar

Profesor emérito de magia y artes adivinatorias, erigido tres veces campeón del concurso anual del bastón de hechicero más bonito, este viejo erudito también es un experto en viajes astrales. Precisamente, fue un día que exploraba el plano astral cuando descubrió algo que cambiaría para siempre su vida y, sobre todo, su obra…

Durante varios años, el Mago de Zo se propuso resolver un gran misterio. Un misterio que parecía no haber inquietado a nadie hasta aquel momento, pero que, sin embargo, resultaba intrigante una vez empezabas a darle vueltas: si los meses estaban gobernados por protectores y las horas por demonios, ¿quién gobernaba los días? ¿No había nadie en las altas esferas del Inglorium para ocuparse de ellos? ¡Aquello le parecía inverosímil! El dios Xelor debía haber previsto algo… La pregunta era: ¿el qué? Además, el viejo erudito había observado que algunos eventos se repetían todos los años en la misma fecha. ¿Tenía este fenómeno algo que ver?

Mago de Zo 2.png
Como buen profesional de la metafísica, el Mago de Zo solo creía en las pruebas que encontraba durante sus experiencias. Por eso, fue a buscar respuestas al plano astral. Para conseguirlo, cerró las persianas de su casa y puso un cartel en la puerta que decía «Buenas. Sí, esta es la casa de Mago de Zo. Estoy en un viaje astral. Para cualquier emergencia, llamad a la puerta o contactad con mi compañero Hel Munster en el bosque de los abráknidos». Luego, puso una alfombra de lana de jalató en medio de su laboratorio, encendió tres velas que dispuso a su alrededor y se sentó con las piernas cruzadas antes de cerrar los ojos. Entonces comenzó a crear el vacío en su cabeza y, poco a poco, sintió como su espíritu abandonaba su cuerpo, como si se durmiera o hubiera bebido demasiada leche de bambú muy fermentada. En el momento en el que su cuerpo astral alcanzó la dimensión de los sueños, sintió una presencia ligera que lo acogía y una voz cristalina que se diría a él:

«Soy Mahiya, la diosa de los calendarios. He escuchado tu llamada y he venido para responder tus preguntas.»

¿Una llamada? ¿Cuál? El Mago de Zo no había llamado a nadie, pero preguntas, tenía muchas, por lo que juzgó sabio escuchar lo que la voz tenía que decir.

«Los Doce no son los únicos dioses que habitan el Krosmoz», prosiguió la diosa. «Hay una multitud de dioses menores, como yo. Y hay muchos entre ellos que buscan ganar fieles para aumentar su poder y, así, acceder al panteón. Para calmar esos deseos y darles una ocupación, el dios Xelor les propuso antaño a algunos unirse a un día. De este modo, un día cada año, siempre en la misma fecha, podrían ejercer plenamente sus poderes sin influenciar al mundo.»

¿Influenciar al mundo? ¿Qué quería decir eso?

«Esos dioses se convirtieron en guardianes de los días y Xelor los nombró santos. Cada uno tiene un carácter y un poder diferentes, el día que les pertenece queda bajo su influencia. Es lo que llamamos: efecto santo…»

¿El efecto santo? ¿Significaba aquello que todo estaba escrito? ¿Que cada día estaba programado?

«No. Un santo no tiene poder sobre el futuro. Pero tanto su carácter como su poder liberan energías que impactan en el mundo. Conocer el santo de un día permite saber cuáles serán esas energías y prepararse.»

¿Prepararse? ¿Cómo?

«El que conoce el efecto santo de un día puede modificar sus actos en consecuencia de modo que pueda aprovechar esas energías que se despliegan. Si lo que se proponga hacer concuerda con el santo y sus poderes, su intento se verá facilitado.»

Pero, ¿cómo conocer a esos santos? ¿Cuál está unido a qué día?

«Yo te enseñaré todo eso. Te espera un trabajo de larga duración. Pero eso es otra historia de la que hablaremos más adelante. No olvides mis palabras, amigo Mago. Volveré a verte…»

Y con estas últimas palabras, la voz se apagó y la presencia se evaporó. El espíritu del Mago de Zo permaneció un momento más suspendido en el plano astral hasta que sintió, de golpe, que el real lo reclamaba. Aspirado por una fuerza desconocida, regresó a su cuerpo y se encontró en el suelo de su laboratorio, casi ahogado con la alfombra. Las tres velas parecían llevar apagadas bastante tiempo. ¿Había viajado realmente el Mago de Zo? ¿O se había dormido, simplemente? Y ese extraño encuentro en la dimensión de los sueños, ¿no podría ser al fin y al cabo fruto de sus propios… sueños?

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